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  Hacia el verdadero desarrollo
 
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Hacia el verdadero desarrollo

 

Por: Jorge Lescano

En el Día de la Tierra – 1990, el conservacionista norteamericano Denis Hayes, coordinador del primer Día de la Tierra y presidente de la celebración aquel año y en el 2000, se preguntaba: ¿Cómo es posible que hayamos luchado con tanto ímpetu y ganado tantas batallas para encontrarnos ahora con que estamos a punto de perder la guerra? En parte la respuesta reside en no haber podido variar los patrones básicos de la actividad humana que originan el deterioro ambiental, desde nuestro comportamiento productivo hasta nuestra dependencia de los combustibles fósiles.

Como los pasajeros del Titanic, los cuales fueron incapaces de percibir la difícil situación en que se encontraban, nosotros seguimos esforzándonos en comprender las dimensiones de los cambios que provocamos. El ambiente de la Tierra está cambiando rápidamente. Este asalto al entorno global puede socavar los enormes avances de la humanidad. No solo perjudica nuestra lucha contra la pobreza sino que incluso puede poner en peligro la paz y la seguridad internacional, como lo señala el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon.

NUESTRO FUTURO COMÚN
Han pasado 20 años desde que el Informe de la Comisión Mundial sobre el Ambiente y Desarrollo, Nuestro Futuro Común o Informe Brundtland (elaborado por la Dra. Gro Harlem Brundtland), hiciera hincapié en la necesidad de un modo de vida sostenible que no solo afronte los desafíos ambientales de hoy sino que garantice una sociedad segura para las futuras generaciones. El Día de la Tierra es buen momento para reflexionar acerca del desarrollo sostenible que constituye una aspiración y una necesidad común de la humanidad.

El desarrollo sostenible reconoce a los seres humanos como el centro. Considera que tenemos derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza. Partiendo de este punto debemos pensar globalmente y actuar localmente, o lo que es lo mismo pensar cosmocéntricamente y actuar egocéntricamente, es decir pensar a partir de la complicidad del universo entero, de la constitución de cada ser y actuar desde la conciencia de la inter-retro-relación que todo guarda entre sí.

EL VERDADERO DESARROLLO
El enfoque del desarrollo sostenible encierra conceptos fundamentales como satisfacer las necesidades y aspiraciones, principalmente de los más pobres, tomando en cuenta la capacidad del ambiente (ecosistemas) para satisfacer tanto las necesidades presentes como futuras. La solidaridad intergeneracional y extrageneracional, es decir entre grupos de la misma edad y de distintas generaciones. Sus tres pilares son: crecimiento económico, desarrollo social y protección ambiental. Exige que la protección del ambiente constituya parte integral del proceso de desarrollo y no un componente aislado. Sus objetivos y requisitos fundamentales son la erradicación de la pobreza, la modificación de las pautas insostenibles de producción y consumo, la protección y ordenación de los recursos naturales para el desarrollo económico y social, el fomento de políticas demográficas apropiadas, entre otros.

Promueve la solidaridad y dignidad humana y está comprometido con la igualdad de género. Puede comprenderse solo en la perspectiva de un desarrollo humano e integral. Debe movilizarse la creatividad, los ideales y el valor de los jóvenes para forjar una alianza orientada a lograr un mejor futuro para todos. Una sociedad sostenible requiere de una serie de principios y valores para garantizar la continuidad de la vida en la Tierra y el bienestar de los seres humanos. La ética de la sostenibilidad es la ética del bien común.

LA GRAN REVOLUCIÓN INTERIOR
Lo ecológico es un auténtico signo de la solidaridad humana. La primera y fundamental estructura de la ecología humana es la familia donde el hombre recibe su primera formación e ideas de bondad y verdad. En la familia se aprende a amar y a ser amado, y ello significa crecer como persona. El desarrollo sostenible no es un debate sobre el ambiente sino sobre las transformaciones humanas. No es solo creación de riqueza, sino compartir la riqueza. No es más bienestar y crecimiento material, sino el delicado balance entre el crecimiento material y el crecimiento espiritual. El desarrollo sostenible se funda en la familia y en el corazón de los hombres que aspiran al bien común de la humanidad. El desarrollo sostenible no es un concepto es una forma de vida. Necesitamos en concreto de una revolución espiritual y mental si realmente deseamos conservar la vida y a nuestra Gran Madre: la Tierra.

  • PROFESOR PRINCIPAL DE LA UNIVERSIDAD FEDERICO VILLARREAL
 
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